Me fui, tenía lo que quería y necesitaba, y me fui. Cuando había dejado de buscar apareciste tú y me regalaste un sentimiento que pensé que ya había descubierto, estaba equivocada, nunca había sentido algo ni la mitad de especial que esto. Sentí la necesidad de compartir contigo cosas que jamás creí que le contaría a nadie, te di la llave de mi escondrijo y ahora temo que la próxima vez que nos encontremos me la entregues de vuelta.
Así que ahora, aquí estoy, escribiendo una vez más, con las pestañas cristalizadas por las lágrimas, preguntándome por qué, ¿por qué me marché?
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