He encontrado mi rinconcito de las horas muertas. Bajo el alfeizar de mi ventana abierta, dejando que el aire, literalmente, fresco inunde mis pulmones. Podría pasarme horas así, tumbada en el suelo con los ojos cerrados, escuchando la pequeña reyerta entre el repiqueteo de la arrítmica lluvia colisionando contra los cristales y el sonido acompasado del tic-tac de mi reloj. Tic-tac, tic-tac... Dejando la mente en blanco.
Tic-tac, tic-tac...
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