lunes, 28 de noviembre de 2011

Manos frías, corazón caliente.

Veo tu foto, esa que guardo para disfrute personal y deleite exclusivo de mis ojos, y parece que estés aquí, extendiendo tu mano y yo la rozo como si de verdad pudiera tocarte. Incluso da la impresión de que tu sonrisa aumenta cuando acaricio la yema de tus dedos en la pantalla. Ojalá pudiese alargar el brazo y sentir tu tacto, abrir los ojos y que siguiésemos tirados en el suelo de mi casa.
La fantasía de que nunca dejas de observarme. Esa mirada, perenne, me hace estremecer. Me sobrepasa. El día que vuelvas a mirarme así no seré dueña de mis actos.
Tú, tu camiseta roja y tu culito respingón, que escalofrío me recorre el cuerpo solo de pensarte. Desearía poder escaparme una noche y colarme sin permiso en tu cama. Sería tan feliz solo con sentir que me rodeas con tus brazos, tu calor o, simplemente, verte dormir. Puestos a soñar, quién pudiera besar esa eterna sonrisa dibujada en tus labios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario