Parecía salida de un sueño. Tan perfecta. Con su pálida y exquisita piel, cual porcelana fina. Los párpados suavemente cerrados, luciendo esas magníficas pestañas pulidas en ébano. De haber abierto los ojos hubiese hecho arder en las llamas de su influjo a quien osara mirarlos y tenía esos labios, dulces, del color de la pasión. Sin embargo, se veía tan delicada, tan frágil, mientras su terso y sutil pecho bailaba al ritmo de su liviana respiración.
No podía dejar de mirarla, anhelaba perderse en las olas del mar rojo de su pelo. Sentía el impulso de resguardarla entre sus brazos, protegerla con su cuerpo, como si una cálida brisa pudiese resquebrajar su depurada y gélida figura de mármol. Entonces, sintió miedo. Temió ser él quien la pudiera dañar. Arropó delicadamente la esbelta escultura de su cuerpo, evitando su tacto, y salió de la cama. Se detuvo una vez más a mirarla y, sin atreverse a besarla por última vez, abandonó la habitación para no volver.
Me encanta.
ResponderEliminarGracias ^^
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