miércoles, 13 de junio de 2012

Y me he puesto a escribir un poco, a ver si me ordenaba los sentimientos...


Sé que vas a hacerme daño. Sé que dolerá, pero cada vez necesito arriesgar más.
¿Puedo jugarme otro pedacito? Otro más con cada jugada. No sé si valdrá la pena apostar de nuevo y eso me asusta. La inseguridad. La incertidumbre de no saber qué mano estás jugando, sinceramente, me acojona.

Cuando te despiertas entre los brazos de alguien, ese gesto producto de un pequeño resquicio instintivo al miedo a perder algo que te importa, esa primitiva sensación de necesitar proteger lo que, consideras, te pertenece.
Sentirte así. Una pieza delicada.
No recuerdo haberme sentido así muchas veces. Quizá por eso me parezca algo tan especial.
Es un sentimiento tan efímero como el aleteo de una mariposa.

Y sin embargo, quiero que me despiertes arrancándome la ropa.

domingo, 22 de enero de 2012

Miedo al miedo.

Tengo miedo. Me siento desaparecer por momentos de tu pensamiento. Me pierdo en la laguna de mis ilusiones, en mis sueños. Y tengo miedo. Me acecha el olvido pero no de ti, sino de olvidarte. Lo temo. Me duele escribirte y no leerte, verte y no tenerte. Me falta algo por lo que seguir, por quien sonreír. Y lo temo . Me faltas tú y estoy perdida, sola y asustada. Tengo miedo.

domingo, 8 de enero de 2012

Hasta que mi cama sea un desierto sin ti...

Me fui, tenía lo que quería y necesitaba, y me fui. Cuando había dejado de buscar apareciste tú y me regalaste un sentimiento que pensé que ya había descubierto, estaba equivocada, nunca había sentido algo ni la mitad de especial que esto. Sentí la necesidad de compartir contigo cosas que jamás creí que le contaría a nadie, te di la llave de mi escondrijo y ahora temo que la próxima vez que nos encontremos me la entregues de vuelta.
Así que ahora, aquí estoy, escribiendo una vez más, con las pestañas cristalizadas por las lágrimas, preguntándome por qué, ¿por qué me marché?

viernes, 6 de enero de 2012

Be right back.

Parece mentira que vuelva a escribir desde los States después de mi última actualización... Por una vez me veía tan segura de mí misma que pensé que podría mover el mundo si me lo proponía, pero aquí estoy de nuevo.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Sólo quiero caminar por la calle y regalar sonrisas.

En realidad ya no sé que hacer, ni sé lo que quiero. Sólo siento que necesito salir de aquí, desvanecerme. Ya no me importa lo que esperen de mí porque ni si quiera yo sé lo que espero. Sólo siento el impulso de la vida que me llama. Siento que necesito serme suficiente, demostrarme que no necesito a nadie más. No quiero deberle nada a nadie, ni tan siquiera a mi sombra, sólo quiero caminar por la calle y regalar sonrisas. Aquí, por lo que parece, solo reparto disgustos, y me siento oprimida. No, ésta que está aquí sentada, escribiendo, no soy yo y estoy aburrida de interpretar este personaje tan estéril. Cansada de fingir estar sentada frente a unos papeles subrayados de rosa cuando mi mente está embotada en cientos y  miles de pensamientos completamente distintos a la vez. Es agotador tratar de ordenarlos y archivarlos en un pequeño cuaderno para sacar algo en claro de lo que pasa en esa maraña de palabras e imágenes que tengo en la cabeza. Sí, estoy cansada y ya no pienso aguantarlo más. Aquí y ahora empieza mi vida y lo que suceda ya es cosa mía, quizá descubra el precio de la felicidad.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La belleza es una amante cruel.

Parecía salida de un sueño. Tan perfecta. Con su pálida y exquisita piel, cual porcelana fina. Los párpados suavemente cerrados, luciendo esas magníficas pestañas pulidas en ébano. De haber abierto los ojos hubiese hecho arder en las llamas de su influjo a quien osara mirarlos y tenía esos labios, dulces, del color de la pasión. Sin embargo, se veía tan delicada, tan frágil, mientras su terso y sutil pecho bailaba al ritmo de su liviana respiración.

No podía dejar de mirarla, anhelaba perderse en las olas del mar rojo de su pelo. Sentía el impulso de resguardarla entre sus brazos, protegerla con su cuerpo, como si una cálida brisa pudiese resquebrajar su depurada y gélida figura de mármol. Entonces, sintió miedo. Temió ser él quien la pudiera dañar.  Arropó delicadamente la esbelta escultura de su cuerpo, evitando su tacto, y salió de la cama. Se detuvo una vez más a mirarla y, sin atreverse a besarla por última vez, abandonó la habitación para no volver.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Manos frías, corazón caliente.

Veo tu foto, esa que guardo para disfrute personal y deleite exclusivo de mis ojos, y parece que estés aquí, extendiendo tu mano y yo la rozo como si de verdad pudiera tocarte. Incluso da la impresión de que tu sonrisa aumenta cuando acaricio la yema de tus dedos en la pantalla. Ojalá pudiese alargar el brazo y sentir tu tacto, abrir los ojos y que siguiésemos tirados en el suelo de mi casa.
La fantasía de que nunca dejas de observarme. Esa mirada, perenne, me hace estremecer. Me sobrepasa. El día que vuelvas a mirarme así no seré dueña de mis actos.
Tú, tu camiseta roja y tu culito respingón, que escalofrío me recorre el cuerpo solo de pensarte. Desearía poder escaparme una noche y colarme sin permiso en tu cama. Sería tan feliz solo con sentir que me rodeas con tus brazos, tu calor o, simplemente, verte dormir. Puestos a soñar, quién pudiera besar esa eterna sonrisa dibujada en tus labios.